La búsqueda de la agilidad estratégica cuenta con criterios de acción para su implementación.

Hemos hablado últimamente de la importancia de desarrollar agilidad estratégica para enfrentar la incertidumbre del entorno cambiante que hoy rodea a la empresa. El efectivo ejercicio de la Dueñez ahora tiene mucho que ver con la gestión del cambio y la renovación de los aspectos estratégicos del negocio para proteger y acrecentar su valor.

Por Súper-Flexibilidad hemos entendido la doble facultad de la organización para crecer en agilidad y versatilidad para adaptarse sobre la marcha a situaciones cambiantes, y al mismo tiempo crecer en robustez y fortaleza para aguantar la presión de fuerzas adversas del exterior.

Ahora queremos comentar cuáles son los principios de acción de los que se vale esta capacidad de ser súper-flexible para lograr simultáneamente esas dos cosas. Los consultores y académicos Homa Bahrami y Stuart Evans, de la firma Pedagogy de California, han escrito ampliamente sobre el tema. Ellos hablan de los preceptos activos que comprenden la construcción de una empresa súper-flexible.

El Reciclaje es el primer principio práctico que potencia la flexibilidad estratégica. Tiene que ver con la forma en que el ecosistema económico convierte quebrantos en oportunidades: Se basa en la capacidad de aprender de los fracasos y en poner ese aprendizaje en uso. El reciclaje nutre la innovación y el emprenderismo y recupera a la vida lo que ya estaba aparentemente muerto.

La gente, los conocimientos, los productos y las posibilidades de aventuras de negocio fallidas son reciclados hacia el ecosistema económico, dando origen a nuevos proyectos, iniciativas y combinaciones de talentos y fórmulas de negocio. Reciclar convierte fallos en nuevos caminos de crear valor.

Las empresas que saben reciclar aprenden de muchos fracasos, los suyos, los de los competidores, los de proveedores, los de clientes. Son organizaciones capaces de revivir avenidas de generación de valor recombinando y re-empacando formas malogradas de experiencias anteriores.

Maniobrabilidad es el segundo principio de acción. Consiste en la habilidad para enfocarse y reenfocarse en las oportunidades que más prometen. Se centra en desarrollar una trayectoria de negocios moviendo su centro de gravedad conforme las circunstancias lo requieren.

Las maniobras son movimientos estratégicos ofensivos y defensivos que se efectúan antes y después de sucesos detonadores del entorno, y que permiten reubicar al negocio en posiciones competitivas ventajosas.

Re-calibración es el tercer precepto activo de la Súper-Flexibilidad. Se refiere a ajustes en tiempo real que se realicen conforme las circunstancias se desprenden cuando se implementan las nuevas iniciativas.

Abarca los procesos de aprendizaje que se dan a través de la experimentación, el diseño de prototipos, los proyectos exitosos y fallidos, y los reintentos de cada idea novedosa. De manera análoga a los modelos de descubrimiento científico, describe las etapas secuenciales de experimentación, escalamiento e integración.

Puede ser complicado establecer la viabilidad de una nueva tecnología, o la factibilidad comercial de un nuevo producto, por medio de planeación “teórica”. Entrando a la acción, puede generarse nueva información, y nuevas posibilidades y limitaciones descubiertas.

Tecno-organización compone la cuarta pauta de acción para construir la Súper-Flexibilidad. Ésta es la arquitectura organizacional sustentada en la tecnología. Se refiere a la habilidad de la organización de mantener cierto grado de coherencia conforme se va reestructurando, por medio de apalancar los aspectos modulares, de cohesión y de conectividad del rediseño organizacional.

La modularidad, la cohesividad y la conectividad son elementos estructurales de la organización. Incluyen los módulos de operación, los procesos operativos, el software y el hardware de los sistemas. Todos ellos han de procurar el balance entre la flexibilidad, la innovación y la velocidad de respuesta, por un lado, y la estabilidad, el enfoque y el control, por el otro.

Alineación de voluntades es el último principio activo de la Súper-Flexibilidad. Incluye los enfoques de liderazgo, las prácticas y herramientas de gestión de recursos humanos que permiten motivar, comprometer y crear un ambiente que faculta a los colaboradores para fusionar sus talentos y esfuerzos en un propósito común cada vez que hay que dar un golpe de timón.

La cultura que se pretende construir es de un trabajo entre colegas comprometidos, más que un quehacer predeterminado para llevarse a cabo entre jefes y subordinados.

Éstos son los cinco principios activos de la Súper-Flexibilidad. Es a través de ellos que una organización es capaz de ser al mismo tiempo robusta y ágil, fuerte y versátil, gestionando para el momento con una visión de futuro en mente; continuamente reinventándose en el contexto fundamental de una base de creencias y valores compartidos.

Artículo por Carlos Dumois, Presidente y CoFundador de CEDEM - Centro de Dueñez Empresaria
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