La apertura al futuro es fundamental para la permanencia de nuestras empresas.

En uno de mis artículos anteriores, “Contratación y Dueñez”, decía yo que a los dueños nos corresponde decidir respecto a los criterios de contratación.

Claro que si la empresa es tan pequeña que el dueño realice directamente las contrataciones, éstas se pueden considerar parte de la operación. Pero si la empresa es mayor, los criterios de contratación son de tal importancia que deben ser tema propio de la Dueñez.

También decía que hay que invertir en un tiempo de prueba al contratar, dejando que en ese tiempo el nuevo conozca toda la empresa, rotándolo como ayudante en diversas funciones, para que pronto se sepa si cabe y está a gusto entre nosotros, en beneficio suyo y nuestro. No queremos comprar sólo en beneficio nuestro algo tan íntimo suyo como años de su vida, talentos y energías, que sean ajenos a sus intereses e ilusiones.

Esto significa que el contratar no debe reducirse a rotar al nuevo por toda la empresa para que la conozca pronto. Es también necesaria una inducción general en la que alguien lo asesore respecto al significado y proyección futura de la empresa en su conjunto, y de la importancia y significación de cada función de la empresa dentro de ese conjunto. Sólo entonces sabremos mejor si él cabe en nuestra compañía, en beneficio suyo y nuestro.

En caso positivo, el nuevo comenzará a trabajar de lleno en la actividad para la que fue contratado, ya con la inducción específica para ese fin. Y si viene a substituir a alguien, lo normal será que empiece por hacer lo mismo que hacía la persona a quien substituye, procurando comprender ese hacer y evitando así la actitud de que llegó el conquistador que considera a sus antecesores como si fueran imbéciles.

Una vez que el nuevo comprenda y domine lo que hacía su antecesor, estará en condición óptima para innovar y mejorar dicha actividad (mejora continua). Pero también podrá alinear dicha actividad a los proyectos estratégicos de la empresa hacia el futuro, incluso influyendo en ellos, y logrando así una transformación radicalmente novedosa de dicha actividad (mejora discontinua). No todos lograrán hacer esto, sino más bien pocos: los más talentosos.

Los líderes deberán estar atentos a estos talentos a fin de empoderarlos y convertirlos en líderes también a ellos. Y cuando se vea conveniente, debido por ejemplo a que en el Consejo de Administración se vaya a tratar algún tema relacionado con alguno de ellos, será interesante invitarlo a esa sesión. Ahí se podrá ver cómo se desempeña esta persona en ese nivel superior, se le podrá motivar e impulsar, y en su momento se le podrá compartir la Dueñez, sin que por eso deje de atender su propio trabajo en la operación de la empresa.

Otra forma de compartir la Dueñez puede ser la de pedirle a unos tres o cuatro de dichos talentos innovadores que formen un equipo durante algunas horas de la semana para que en esos tiempos trabajen como si fueran una empresa de la competencia. Su función será la de buscar productos o servicios futuros que el mercado prefiera a los que ofrecemos en la actualidad. Será como una competencia en provecho propio, que se adelante en el tiempo a lo que se hace hoy en la operación de nuestra compañía.

Cuando logren algo interesante solicitarán informarlo al Consejo. Si el Consejo padeciera de inercia y no quisiera escucharlos, podrían incluso decir hipotéticamente: “Si no les interesa podemos hacerlo por nuestra cuenta y desplazarlos del mercado”.

Y si el Consejo permaneciera en su inercia, lo que se dice hipotéticamente podría incluso llevarse a la realidad. En efecto, como estas personas son talentosas, llegará el momento en que se den cuenta de que sus lealtades deben estar menos con la inercia y más con el progreso.

Si el líder máximo pide que se forme un equipo así, y de alguna forma le comparte la Dueñez, no es para luego despreciar sus logros o posponerlos indefinidamente. Compartir la Dueñez a un equipo así, es una forma de obligarse a estar abiertos y atentos a los mercados y entornos futuros.

 

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Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

 

 

“Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

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