En la medida de lo posible los dueños deberían procurar ejercer su rol propio.

En artículos anteriores he dicho que me ha parecido conveniente hablar de Dueñez porque no es lo mismo ser dueño que ejercer el rol de dueño; y porque hay dueños que, por las circunstancias que sean, no ejercen el rol de dueño, o incluso no quieren ejercerlo. Ser dueño es ser propietario en lo que se refiere a una empresa (al menos así se dice coloquialmente). Y al ejercicio del rol de dueño le he llamado Dueñez.

La pregunta que surge es por qué algunos o muchos dueños no ejerzan o incluso no quieran ejercer el rol de dueño, es decir, la Dueñez. No es lo mismo ser dueño de un coche, que ser 'dueño' de una empresa, que ser “dueño” de una familia. Se puede ser dueño o propietario de un coche en sentido estricto. En cambio, en ningún sentido se puede ser dueño o propietario de una familia.

De otra parte, en algún sentido es posible ser dueño o propietario de una empresa; pero en otro sentido eso no es posible. La razón es que nadie puede ser dueño de las personas. Lo esencial de un coche es algo material, donde no hay personas. Lo esencial de una familia son las personas. Pero lo esencial de una empresa en parte son las personas –que son lo principal–, y en parte son otras cosas que no son personas, como el capital, los activos, los pasivos, etcétera.

Por eso nadie puede ser dueño o propietario de una empresa en su totalidad, ya que no puede ser dueño de las personas; y sin personas la empresa realmente desaparece como tal. Pero si las personas son lo principal de una empresa, la principal responsabilidad de la Dueñez es el bien de las personas que forman parte de la empresa: los propietarios o accionistas –o como se les quiera llamar–, los que en ella trabajan –ejecutivos, colaboradores, empleados, etcétera–, y los que de alguna forma se relacionan con la empresa, como los clientes, proveedores y otros.

De ahí resulta que, en lo que se refiere a los dueños y a la Dueñez, una empresa se encuentra como a medio camino entre lo que es una familia y lo que es un coche; y todo ello se debe a la importancia de las personas en cada una de esas tres realidades: no es lo mismo tener un coche que ser padre de una familia, o que ser dueño de una empresa.

En esto viene a cuento el actual tema de la cultura del ser y la cultura del tener. El capital de la empresa puede tener dueño, pero no líder. En cambio, las personas de la empresa pueden tener líder, pero no dueño. El capital ¡se tiene! El líder ¡lo es! Un líder pertenece a la cultura del ser. Un dueño pertenece a la cultura del tener. Pero el ser es más importante que el tener. Y por eso ser líder es más importante que ser dueño.

Notablemente, quien ejerce la Dueñez, sea el dueño o un adueñado, pertenece a la vez a la cultura del ser y a la cultura del tener, ya que debe mirar por el bien de las personas y por el bien del capital. Al menos en nuestro mundo, no se puede mirar cabalmente por el bien de las personas sin mirar también por el valor del capital. Para ayudar a las personas toda empresa debe permanecer y tener éxito, y ésa es la función propia de la Dueñez.

El valor del capital es el económico. Las personas tienen muchos otros valores. En una empresa, ¿cuál será el criterio para elegir el valor principal en cada tiempo?

No faltan quienes se pregunten por qué el ser ha de ser más importante que el tener. Y la respuesta nos la da esa gran maestra de la vida, que es la muerte. La muerte es como una aduana, donde sólo pasa lo que eres; donde no pasa nada de lo que tienes, ni siquiera la ropa que llevas puesta, ni una pulsera, ni un anillo, ni tus dientes postizos, ni las tapaduras de tus caries... ¡nada!

Surge entonces la pregunta de por qué algunos o muchos dueños no quieran ejercer la Dueñez, que es su rol propio. Y en caso de que no puedan hacerlo, surge la pregunta de cómo hayan de elegir y adueñar al máximo líder que la ejerza con cabal responsabilidad en beneficio de las personas.

Y todo eso nos da tema para seguir investigando sobre este interesante y fecundo tema de la Dueñez.

 

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Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

 

 

“Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

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