La permanencia y el liderazgo de una empresa depende de la libertad de su personal.

La identidad de la Dueñez hace referencia, desde luego, al giro o ramo al que se dedica la empresa de la que se es dueño, como puede ser una empresa automotriz, una cadena de hoteles, una compañía de ópera, etcétera. Sin embargo, la identidad de la Dueñez también puede hacer referencia a ciertos aspectos internos del funcionamiento de las organizaciones.

Dichos aspectos internos de funcionamiento van aumentando o se van descubriendo con el tiempo, y de hecho algunos se abandonan por obsoletos y otros aparecen e incluso se ponen de moda como nuevos. La apertura comercial, las cadenas de empresas, la competitividad y la globalización hacen posible que surjan y desaparezcan algunos de tales aspectos internos del funcionamiento de las empresas, de modo que no es posible ofrecer una lista exhaustiva de los mismos.

Pocos ejemplos pueden bastar para ver que hay aspectos internos de funcionamiento que afectan la identidad de la Dueñez. Consideremos solamente dos: la estructura vertical u horizontal de una organización, y la política de puerta abierta o de puerta cerrada.

La estructura vertical de una organización puede ser más o menos jerárquica y rígida. Se trata de una estructura en la que no se debe influir y hablar directamente con las personas de otro departamento, que no es el propio, sino que la comunicación debe ir hacia arriba para luego bajar hacia las personas con las que uno quiere hablar.

Un problema en el que intervienen las funciones de dos o más departamentos, que puede ser visto, dialogado y resuelto directa y rápidamente por las personas involucradas, puede no ser visto por los jefes de arriba con la misma claridad.

Y así la estructura vertical, en la medida en que es más jerárquica y rígida, dificulta la solución de los problemas. La comunicación que tiene que ir hacia arriba y luego hacia abajo se dificulta y puede acabar por ser como el juego del teléfono descompuesto. En ese recorrido la información puede perder o modificar datos importantes, o adquirir datos irrelevantes o falsos, además de poder lastimar las sensibilidades y autoridades de los diversos jefes.

En una estructura horizontal cualquier persona puede hablar con cualquier persona sin tener que hacer pasar la información a través del los altos jefes comunes. Las personas involucradas en la solución de los problemas, resueltos ágilmente en su propio nivel, informarán a los jefes las soluciones adoptadas en la medida de la importancia de las mismas.

Obviamente, la política de puerta abierta se adapta mejor a la estructura horizontal, y la política de puerta cerrada se adapta mejor a la estructura vertical. Como sabemos, la política de puerta cerrada implica solicitar cita o audiencia para poder hablar con un jefe, aunque el jefe esté ahí, solo y a pocos metros de distancia.

Indudablemente la permanencia y el liderazgo de las empresas en las actuales circunstancias de información digital, apertura comercial, competitividad y globalización, requieren que las empresas cambien sus estructuras a horizontales y sus políticas a puerta abierta, si todavía no eran así.

Lamentablemente, nos sorprenderíamos al ver la cantidad de empresas que conservan estructuras verticales y políticas de puerta cerrada en mayor o menor medida, y de manera más o menos solapada. De otra parte, cada vez se hace más patente que las empresas que se aferran a sus estructuras verticales y a sus políticas de puerta cerrada suelen estar entre las que no permanecen en el mercado.

El manejo de estos aspectos internos de funcionamiento corresponde a la dirección de las empresas. Pero la decisión de cuáles sean esos aspectos, si los verticales o los horizontales, o los de puerta abierta o cerrada, corresponde a la Dueñez. Es función del rol de dueño decidir el tipo de empresa que quiere tener.

Por lo cual, éstos y algunos otros aspectos importantes del funcionamiento interno de las organizaciones afecta, afinándola, la identidad de la Dueñez. La Dirección los maneja, pero la Dueñez los decide.

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Carlos A. Dumois es Presidente y 

Socio Fundador de CEDEM.

 

 

“Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

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