También en los altos niveles ejecutivos hay que enseñar a pescar, y no sólo dar el pez.

Sabemos que algunos aspectos internos del funcionamiento de las empresas inciden en el rumbo, liderazgo y permanencia de las mismas en el mercado, y otros no, que pueden ser manejados en el ámbito de la Dirección. Dichos aspectos podrán se manejados o ejecutados por la Dirección, pero la Dueñez los decide.

Y entonces, lograda esa claridad de ideas, sería fácil pensar que una vez que la Dueñez decide los criterios referentes a dichos aspectos, y que le comunica sus decisiones a la Dirección, la Dirección los ejecutará. Pero será muy probable que no suceda así. Porque cuando la Dueñez decide tales criterios, éstos serán algo nuevo para la Dirección, distinto de lo que ésta venía ejecutando y con lo cual estaba familiarizada, y que además le venía funcionando bien.

La Dirección no va a decidir lo que la Dueñez ha decidido, ni le corresponde hacerlo, pero es indispensable que lo comprenda. Sólo así llegará a encontrar la forma de ejecutarlo, y también de hacerlo de buena gana, al menos al principio; y posteriormente llegará a entusiasmarse con ello y a hacerlo cada vez mejor (mejora continua), porque irá viendo que eso es lo que conviene en las nuevas y futuras circunstancias, en beneficio de la empresa y de todo su personal.

Dueñez y Dirección no son dos compartimentos estancos, donde uno decide y el otro ejecuta casi como si fuera una computadora. No, no es así, porque se trata de personas. Lo mismo que nosotros los dueños, los directores también tienen su cabecita y su corazoncito. Se trata de dos funciones distintas, pero ambas dignas y valiosas. Es necesario que haya una armonía organizacional y humana entre Dueñez y Dirección, y que además sea complementaria.

Los directores están metidos en la talacha del día a día. Los dueños, en cambio, pueden estar fuera de esa refriega cotidiana, y por eso pueden mirar lejos, tanto en los tiempos del largo plazo, como en los espacios de la apertura comercial y de la globalización. Y en esos ámbitos pueden considerar cuál sea el mejor rumbo (mejora discontinua) para que la empresa permanezca en el mercado, tenga éxito y llegue a lograr un auténtico liderazgo.

Pero eso requiere que haya un acompañamiento de los dueños hacia los directores, un continuo diálogo abierto, motivador y enriquecedor, con estructura bastante horizontal y política de puerta abierta. Se trata de una labor educativa de alto nivel.

En las empresas suele presentarse la dificultad de pensar que educar es algo de bajo nivel, mientras que capacitar es algo de alto nivel. Grave error. Educar es mucho más que capacitar, y de mucho mayor nivel. Nos capacitamos por breves períodos, con cursos y calendario en mano, pero nos educamos por toda la vida.

La realidad es que toda educación es de alto nivel, porque busca mejorar a las personas, de toda edad y condición social. Es algo como el amor, que siempre es de alto nivel. A fin de librarnos de tal error podemos considerar que las leyes educan (bien o mal), que las decisiones de los gobernantes educan, que los procesos judiciales educan, que los medios de comunicación educan, que la historia educa... ¡que la vida misma y la muerte educan!

La labor de acompañamiento que los dueños deben llevar a cabo con los directores, educativa de alto nivel, pedagógica de alto nivel, aunque no se le llame así tiene por objeto ayudarlos a que comprendan lo que los dueños han decidido mirando a lo lejos en el espacio y en el tiempo a fin de estar actualizando el rumbo de la empresa conforme a las circunstancias del entorno, y así lograr su permanencia y liderazgo en el mercado.

Y luego los dueños deben dejar en libertad a los directores para que busquen y encuentren las mejores maneras de ejecutar todo eso que a ellos les corresponde.

Esta labor de acompañamiento requiere de tiempo, paciencia y mente abierta. Pero el ritmo acelerado de nuestra época requiere también de mucha flexibilidad y rapidez de aprendizaje; misma que, al menos hoy, debe formar parte de la cultura de toda empresa que se precie.

 

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Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

 

 

“Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

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