No digamos “de esta agua no beberé”.

He dicho que los empresarios debemos mirar el futuro a largo plazo y observar las tendencias que se van perfilando y afianzando. Una de estas tendencias es la preocupación por la pobreza mundial, y por que las empresas se aboquen a remediarla, ya que son hoy la principal fuente de riqueza.

En tal sentido he venido escribiendo sobre dos autores y empresarios importantes: C. K. Prahalad, profesor de la Universidad de Michigan y autor de “The Fortune at de Bottom of the Pyramid” (La fortuna en la base de la pirámide); y Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen para los pobres, Premio Nobel de la Paz y autor de “Empresas para todos”.

Prahalad busca desarrollar el mercado potencial latente en la base de la pirámide social, que está formada por los pobres, pero que es enorme. Él sostiene que las grandes empresas deben desarrollar ese mercado, con lo cual ayudarán a erradicar la pobreza y a la vez lograrán nuevas e importantes utilidades para sus dueños.

Yunus busca el rostro humano del capitalismo creando empresas sociales, que tienen fin de lucro (por eso son capitalistas), pero sin ofrecer dividendos ni utilidad alguna a su dueños, ya que esas utilidades se usan para el crecimiento de estas empresas, que de tal forma pueden ayudar a resolver más y más problemas sociales (por eso son de rostro humano).

Podemos decir que Yunus atempera el capitalismo vigente a fin de resolver la pobreza, mientras que Prahalad lo incentiva abriendo y detonando los mercados de la base de la pirámide. Prahalad no crea tendencias a futuro distintas de las ya conocidas; tan sólo propone abrir y activar el enorme mercado potencial de los pobres. Yunus, en cambio, ciertamente crea tendencias a futuro atemperando el capitalismo con sus famosas empresas sociales, económicamente autosuficientes; por eso su postura es más interesante y conviene analizarla más.

La cuestión es qué ganan quienes trabajan en empresas sociales, ya que Yunus elimina todo interés personal en forma de utilidades o dividendos. Hecha esta excepción, él sostiene que las empresas sociales aprovechan todo el empuje del mercado y del capitalismo al igual que las empresas convencionales –competitividad, mercadotecnia, producción, distribución, publicidad, ventas, etcétera–, pero en favor de los pobres. Y por tanto, quienes trabajan en empresas sociales están en igualdad de circunstancias que quienes trabajan en empresas convencionales, procurando ganar lo más que pueden, no como dividendos, pero sí como sueldos u honorarios, prestaciones, bonos, etcétera.

Yunus afirma lo siguiente:

“La empresa social pone énfasis en el crecimiento desde la base y en la experimentación por parte de miles de millones de individuos que son libres de crear el tipo de organización que quieran para alcanzar sus metas personales y sociales”.

“Corresponde a los individuos concebir, diseñar y crear las empresas sociales. Entonces el libre mercado decidirá cuáles de esas empresas tienen éxito y cuáles fracasan”.

Es difícil no ver aquí de nuevo la esperanza de que la mano invisible del mercado arregle las cosas. Pero no sucedió así con las empresas convencionales, y es de suponer que tampoco sucederá así con las empresas sociales. Yunus sueña con un mundo en el que no sólo se destierra la pobreza, entre otras cosas, sino en un mundo en el que “las guerras son cosa del pasado”. Eso deseamos, pero no se logra sólo con empresas sociales, aunque éstas ayuden.

Bastaría que todos nos amáramos unos a otros para que el mundo se arreglara. Pero hay egoísmos, envidias, rencores, venganzas, afanes de poder y de riquezas, y todo un largo etcétera. Se ha dicho que “hay suficiente para todos, pero no hay suficiente para una sola persona egoísta”; y también que “una persona egoísta es capaz de quemar la casa del vecino para freírse un huevo”.

Convendrá estar siguiéndoles la pista a las empresas sociales para ver qué tanto puedan ayudar. Incluso habrá que pensar en la posibilidad de crear alguna desde nuestra empresa convencional.

 

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Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

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