Antes de emprender un brinco de crecimiento toca trabajar a fondo en las querencias de los principales protagonistas.

Sin duda el motor del crecimiento de una compañía es la querencia del empresario. Su determinación es la bujía que prende la maquinaria de Generación, Multiplicación y Captura de Valor para impulsar el crecimiento.

Hace unos años escribí un artículo titulado “Cuando nos da miedo crecer”. Ahí narré el caso de dos empresarios que, teniendo en sus manos potentes fórmulas de negocio, no se animaron a asumir el riesgo de lanzarse a crecer en serio.

Escribí: “Estos personajes, como otros muchos, tienen en sus manos fórmulas de negocio que podrían multiplicarse en gran escala. Tal vez por aburguesamiento o por cansancio, seguramente por falta de coraje, esas fórmulas se van a quedar en el pudiera. El potencial se quedará quieto, subexplotado; el talento se desaprovechará”.

Ellos no quisieron poner su Dueñez en una apuesta agresiva o arriesgada de crecimiento. Optaron por crecer lentamente y exprimir su negocio. Ahora pienso que fue una decisión muy respetable. Le dieron probablemente preferencia a otras querencias personales o familiares, y así lo decidieron.

Veamos otro caso, de un empresario que enfrenta también la opción de apostarle al crecimiento o de irse con más calma en su proyecto de empresa. Él sabe que lanzarse a crecer implica invertir, arriesgar, más esfuerzo, más sacrificio por un tiempo, y ver si en 4 ó 5 años las cosas funcionaron, y si el crecimiento emprendió su escalada hacia arriba.

El proyecto de irse calmado, explotando lo que ya el negocio está listo para dar es de bajo riesgo, el esfuerzo que hay que poner es menor, las inversiones que hay que hacer son mínimas, y los resultados pueden verse en menos de un año.

Vaya que son dos opciones distintas. Pero ¿qué es lo que está en juego? Bueno, por un lado es un asunto de coraje, de carácter, de arrojo y de ambición. Este empresario tiene todo eso. Tiene las agallas, los talentos, las capacidades para meterse por el camino del crecimiento a largo plazo.

Pero hay otras cosas en juego, que son sus querencias. Hay que precisar lo que para él es verdaderamente importante. Luego tener bien claro para qué querría lo que va a elegir hacer. Y por último ver qué personas tiene que tomar en cuenta que influyan con peso en las decisiones de querencia. Éstas pueden ser miembros de su familia, socios, ejecutivos, etc.

Lo primero a considerar es la Querencia Personal. Aquí está en juego su disposición al riesgo, esfuerzo, sacrificio. ¿A qué le quiere él dedicar su tiempo el resto de su vida? ¿Qué metas patrimoniales pretende alcanzar? ¿Qué tipo de actividades quiere él realizar los siguientes años? ¿Qué retos le implica enfrentar la decisión de crecer? ¿Cuál es el legado que quiere dejar?

Estos cuestionamientos los tiene que contestar él con su conciencia. Claro que tiene que escuchar, y tal vez negociar con algunas personas. Pero él tiene que llegar a las respuestas que le parezcan más realistas y coherentes, que le aporten mayor sentido.

Luego viene la Querencia Familiar. Este empresario gobierna una empresa familiar y varios miembros de su familia participan en el negocio. Le toca preguntarles qué es lo que realmente quieren. ¿Quieren darle continuidad al proyecto de negocio? ¿Para qué querrían seguir juntos en esta aventura empresarial? ¿Cómo quisieran participar en la Dueñez Compartida de la compañía? ¿Cómo prefieren tomar decisiones? ¿Qué modelo de empresa familiar quisieran construir?

Por último viene la Querencia Empresarial. Aquí debe tomar en cuenta a sus socios y principales colaboradores. ¿Qué quieren ellos? ¿Les interesa participar en el proyecto? ¿Están dispuestos a invertir? ¿Cuál es su propia Querencia Personal? ¿Cuál es el proyecto estratégico de la empresa? ¿Tiene viabilidad, es realista y coherente? ¿Se cuenta con los recursos para hacerlo realidad?

Sí, el motor del crecimiento es la querencia. Necesitamos concretar y madurar la querencia personal, familiar y empresarial. El trabajo de definición y de elección implica al empresario como persona en muchos aspectos de su vida. Hay mucha tarea por delante para poder precisarla y tomar la decisión consecuente con ella.

 

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Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

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