¿Cómo debemos medir la creación de riqueza de nuestra empresa?

He vuelto a leer la conocida novela de Bruno Traven titulada “La Carreta”. El misterioso autor, de origen desconocido y nacionalidad finalmente mexicana, estudió y describió a detalle fenómenos sociales relevantes de principios del siglo 20, tanto en México como en el mundo.

Como suele hacerlo, Traven utiliza la novela para narrar la situación en que vivían los trabajadores del campo, las haciendas y los pueblos, en este caso del sureste de México. Describe la mentalidad y las limitaciones para educarse y prosperar de los peones y su relación sumisa y abnegada con los patrones. Nos parecen increíbles las carencias que padecieron aquellos peones durante siglos y hasta las primeras décadas del siglo pasado.

Comentando con mi madre la novela, me contaba ella la situación similar en que vivían los jornaleros del campo cañero en los estados de Veracruz y Jalisco en los años 60 y 70. Indagando y observando cómo viven hoy muchos trabajadores en algunas partes de Latinoamérica y en muchos lugares de Asia y Africa, encuentro que la opresión, la falta de respeto a los derechos fundamentales y la explotación del trabajador son aún parte de la vida diaria en un sinnúmero de empresas y naciones.

Al leer “La Carreta” fácilmente nos transportamos a tiempos pasados donde las injusticias hoy las juzgamos como increíbles. Pero la realidad es que seguimos permitiendo que muchos mal llamados empresarios utilicen a sus trabajadores como animales productivos. 

No quiero sonar exagerado ni menos como pensador de izquierda que critica a los hombres de empresa sin hacer distinciones; pero sí quiero cuestionar qué sentido tiene crear riqueza que sólo beneficie a los propietarios y que no se comparta con toda la cadena productiva: clientes, colaboradores, proveedores, distribuidores, etcétera.

El empresario consciente encuentra fórmulas económicas en las que la riqueza generada es compartida. Es riqueza social, para todos. Nuestra labor de hacer empresa es compromiso de hacer crecer a todos los involucrados, con postura de ganar–ganar en todos los sentidos. No se trata de regalar parte de las ganancias del negocio, no. Lo que buscamos es crear riqueza combatiendo la pobreza, y no crearla a costa de estancar o deteriorar a quienes participen en el proceso, sobre todo los más vulnerables.

Medimos la creación de riqueza por el incremento de valor del patrimonio de la empresa o del empresario. Está bien. Pero ésta es una mirada corta, incompleta. Hay que desarrollar otros indicadores de creación de riqueza: el crecimiento de valor del patrimonio y del nivel de vida de nuestros clientes, trabajadores y proveedores. La ecuación no puede centrarse en ganar más a costa de lo que otros pierdan. Cada nueva empresa que se instale en una comunidad habrá de traer riqueza para toda esa comunidad.

Esta generación de riqueza compartida debemos aprender a medirla, a premiarla, a incluirla en nuestro arsenal de herramientas de gestión empresarial. Debemos integrarla en el currículo de las carreras económico-administrativas; fomentarla en los organismos y asociaciones empresariales.

Andrés, el personaje central de la novela, el peón explotado, sigue vivo en todo el mundo. En cualquier lugar donde el hombre mire al hombre como un recurso a utilizar para sacarle provecho y no como un socio-colaborador con quien crear riqueza, revivimos el drama de Andrés. No son peores los patrones que tuvo Andrés que los que hoy abundan en todo el mundo. Su ética es la misma, su indiferencia es pasmosa, su desinterés es evidente.

Construyamos empresas competitivas y rentables con sentido humano. Convirtámonos en empresarios comprometidos con nuestra gente. Generemos una riqueza justa, social, compartida y humana. Midamos la creación de valor de manera completa y cabal. No nos quedemos en el supuesto de que si nosotros nos enriquecemos lo harán también los demás involucrados. Asegurémonos de que lo hacemos realidad midiéndolo en el más amplio sentido que involucra nuestra tarea de crear riqueza.

 

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Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

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