Podemos engañarnos, queriendo o sin querer. ¿Qué es preferible?

Desde hace tiempo, en mis diálogos con empresarios es usual que me pregunten a qué me refiero al hablar de juicios prudenciales. Esta expresión era frecuente en mi querido y difunto maestro, el Dr. Carlos Llano. Quienes me lo preguntan parecen pensar que todos los juicios son prudenciales, o no entienden por qué hablo de juicios prudenciales en particular, o qué tienen de especial. Y me ha parecido conveniente aclarar un poco tal expresión, dado que tiene importancia en el mundo empresarial.

A fin de entender dicha expresión hay que concebir la prudencia como opuesta al arte, al menos en algún sentido. El tema viene de tiempo atrás, del pensamiento de los antiguos griegos. Hoy entendemos por prudencia lo mismo que antes, con mayores o menores precisiones lingüísticas o filosóficas. Pero la noción de arte ha cambiado; ahora con esta palabra nos referimos a la producción de objetos estéticos. Sin embargo, en el mundo griego este término tenía un significado más general: se utilizaba para designar toda capacidad productiva, tanto la que genera objetos estéticos como la que produce objetos meramente útiles, independientemente de si poseen o no valor estético. En nuestro lenguaje encontramos un residuo de esta concepción en palabras como "artefacto", "artificial", "artesano".

El arte entendido así, más ampliamente –o como técnica–, es la capacidad –conjunto de preceptos y reglas– para hacer algo externo al que obra, en el sentido de producir o fabricar algo (sea algo físico como una mesa o algo espiritual como un poema). La prudencia se refiere al actuar interno del que obra, a su obrar mismo, en el sentido de conducirse o comportarse.

Precisando más estas nociones, el arte es la recta razón de lo que se ha de hacer o ejecutar (to make, en inglés). En cambio, la prudencia es la recta razón de lo que se ha de obrar o actuar (to do, to act, en inglés). En breve, puede decirse que el hombre prudente es en general el que sabe deliberar bien. El arte se relaciona mucho con la producción, y la prudencia con la ética.

En el arte, el que se engaña, queriéndolo, es preferible al que se engaña sin quererlo (al que no domina las reglas del arte). Con la prudencia sucede todo lo contrario: el que se engaña, sin quererlo, es preferible al que se engaña queriéndolo (al que tiene mala intención).

Las actividades humanas suelen ser mezcla de arte y prudencia. Algunas tienen mucho más de arte, como en el construir un puente. Otras tienen mucho más de prudencia, como en el decidir, deliberar o juzgar –juicio prudencial– si es conveniente construir dicho puente, o no. En una empresa, la organización de la producción, la distribución, los organigramas, etcétera, tienen mucho de arte, mientras que la motivación y el liderazgo tienen mucho de prudencia.

La mejora continua tiene mucho de arte. La mejora discontinua tiene mucho de prudencia. El rol de dueño se mueve mucho en el terreno de los juicios prudenciales. La captura y multiplicación de valor tienen mucho de arte. Las decisiones sobre los cauces para crear valor tienen mucho de prudencia, lo mismo que las decisiones respecto a los valores prioritarios, o sobre cómo el valor económico ha de dar lugar a otros valores. Todo el tema de la ética empresarial y todo el problema de la responsabilidad social tienen mucho de prudencia, de juicios prudenciales. Las contrataciones y los despidos tienen mucho de arte y mucho de prudencia, quizá más de prudencia.

Estos conceptos nos son importantes a los empresarios, pues con ellos distinguimos mejor los diversos roles, y también las responsabilidades. Por ejemplo, para un trabajador operativo es preferible errar queriéndolo, pues puede rectificar cuando quiera; en cambio, el que yerra sin quererlo no puede rectificar a menos que se capacite. Para un líder es preferible errar sin quererlo, y adquirir experiencia; en cambio, el líder que yerra queriéndolo, debe ser despedido.

Aprendamos a distinguir entre arte y prudencia –juicios prudenciales– en nuestras empresas.

 

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Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

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